EL ENCUENTRO CON EL MENTOR
En el medio de la noche, llena de dudas, cuando nuestros valores son retados y la vida nos pide acción, nos encontramos con el “mentor”. Este ser sabio y visionario en la historia es casi omnipotente. Él sabe mejor que nosotros lo que nos conviene, a dónde vamos y qué camino debemos tomar. No es necesariamente un personaje. Puede ser una persona mística, un conjunto de valores que dirigen nuestra vida, una tradición, un código ético de una organización a la que pertenecemos. En fin, alguien o algo que nos da dirección y aclara nuestras incertidumbres para finalmente darle el ‘sí’ a la aventura que nos está tocando a la puerta.
En la Odisea de Homero, la diosa Atenea, diosa de la sabiduría, encarna la persona de Mentor el maestro de Telémaco, hijo de Odiseo, para incitar a este a que actúe echando de su casa a los pretendientes de su madre. Durante toda la aventura de Odiseo, Atenea está pendiente de él, no solo protegiéndolo, aconsejándolo, pero también asegurándose que otros como Telémaco aceptan sus propios retos que finalmente beneficiaran la aventura principal ayudando al héroe a triunfar y finalmente regresar a casa. Esta es la esencia en cualquier historia del personaje del Mentor. En el encuentro del mentor con el héroe, el mentor tiene la función de incitar al héroe a que actúe sirviéndole además como fuente de coraje, de dirección, de consejo, de inspiración.
Una única advertencia, hay falsos mentores que pueden engañar al héroe para que actúe de forma contraria a su personaje a su papel de héroe incitándolo a cometer un crimen o a totalmente negarse a la hazaña. La tentación asecha buscando la oportunidad de hacer fracasar nuestra misión.
